La Ley de Murphy.

“Si algo puede salir mal… Saldrá mal.”

Esta es la versión mas aceptada de la ley de Murphy, conocida ampliamente a nivel mundial, pues las experiencias personales parecen avalar que esta frase tiene categoría de ley empírica, es una de esas cuestiones que todo mundo cree como parte de una ley universal que rige al universo.

Aplicando sentido común podemos encontrar que la base por la cual tantas personas creen en este enunciado es que todos tenemos una tendencia a recordar especialmente aquellos episodios en los que algo ha salido mal o no ha ido como nosotros esperamos. Uno puede haber realizado un viaje muchas veces en el mismo año y no serás capaz de recordar los viajes en general, pero aquel viaje que quedó interrumpido porque te falló el auto o se te pinchó una llanta lo vas a recordar durante mucho, mucho tiempo, desde el momento que el auto comenzó a presentar el inconveniente, el hecho de encontrarte solo en medio de la nada, la necesidad de pedir ayuda a un extraño, etc., de tal manera que en lo consecuente pensarás en que puede volver a cumplirse este simple adagio.

Esta ley es como un acto de consolación ante las adversidades, para los días en que se acumulan las desgracias, cuando extravías tu celular o simplemente cuando tu equipo favorito pierde un encuentro.

Pero cuando lo piensas de forma detenida, esta ley tiene parientes muy cercanos, como el: “si algo puede ir mal irá peor”; los sucesos fatales siempre ocurren en el peor momento posible, si algo cae al suelo quedará en el peor sitio posible para ser recuperado, en el rincón mas alejado e inaccesible; cuando comas una tostada o un pan con mantequilla siempre caerá del lado de la mantequilla… Leyes infinitas que terminan dando una sensación de inalterables.

Pero las interrogantes son: tú, ¿cómo tomas estos hechos?, ¿Prefieres quedarte con los malos momentos e ignorar constantemente todos los buenos?

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